30 julio, 2006

Qué nos depara la vida

Al pasar el tiempo, desde que somos pequeños hasta llegar a adultos, muchas veces nos hacemos la misma pregunta al caer sobre la primera piedra (quizás con diferentes entonaciones). Pero, realmente, qué nos deparará la vida que continúa...

Generalmente, nos vemos obligados a continuar, no darnos por vencidos, ser perseverantes, joviales, buenas personas... La raza humana es extraña: nos lastimamos, nos comportamos inadecuadamente, vivimos; pero a la vez nos controlamos hasta tal punto que somos incontrolables a nosotros mismos. Creemos que lo que hacemos está bien, porque nuestros padres lo han hecho, porque lo ven así... Pero qué hacen cuando no se dan cuenta que la situación está empeorando, ya que a Uno se le olvidó hacer una de las lecciones que debimos aprender.

Podríamos decir que ahí está la primera segregación... Donde aquél que olvidó coger aquella lección produce que el que sigue no la aprenda, porque nunca supieron que existía. Donde aquél que sí se acordó de aprenderla, si la enseñó y se traspasó hasta que otro olvidó nuevamente otro detalle y otro... Y otro.

Vivimos en una sociedad que nos inspira corregir los errores (las lecciones no aprendidas) pero ¿quién corrige a quién? ¿Cómo sabemos que realmente las hemos aprendido o las hemos olvidado? Cómo saber si, inconcientemente, hemos impuesto nuevamente una lección que se había perdido, pero nos dicen que está mal, que esa lección no debe ir con nosotros porque ha sido enseñada así. ¿Podemos decir entonces que está mal enseñada?

Nuevamente caemos en el precipicio de la duda. Habrá que arriesgarse tanto para poder recibir una recompensa, en este caso: la lección correctamente aprendida, en vez de esperar a que otro la enseñe correctamente.

La gente actúa así, su instinto... Su aprendizaje se basa en eso. Actualmente dejan de lado su participación activa en la sociedad, en la familia y en sus intereses. Esperan que llegue en bandeja la posibilidad de surgir, de prosperar o insertarse en algún lugar.
Es triste, realmente triste, cuando uno observa a una persona cercana sucumbir ante la irresponsabilidad (en el caso del incumplimiento de las lecciones) o sucumbir ante la despreocupación y la dependencia permanente de ellos a otras personas.

He aquí la segunda segregación, una automática. Donde el individuo rechaza su inserción, su aprendizaje y/o la transmisión de éste.
Es aquí donde vemos a personas protegidas por los suyos, dependientes, incapaces de surgir por si mismos, ya que en la práctica no rinden como deberían y no necesariamente por haber olvidado lo aprendido, sino que también lo que han rechazado de por medio. Se han visto obligados a intentarlo, una y otra vez, con el mismo resultado y con un rechazo permanente a la ayuda.

Es aquí donde nos vemos sumergidos en un agujero sin fondo, donde algunos creen caer y no tocan fondo, cada día más sumergidos en la miseria (mental y material). Comienza lo denominado depresión... Una sombra del ánimo que se tenía antes, un mínimo de ganancia hacia las barcas personales.

Comienzan las discusiones, ¿no? Comienzan a sentirse tristes, desamparados, inhabilitados y completamente incapacitados. Acostumbrados a confiar y depender siempre de algo, siendo el pariente amigo o el estado; en la gente que les tiende la moneda dispuestos a sacarles de su hoyo personal; en la colaboración mutua entre los que están en la misma situación... Pero no siempre es así, no. Muchos se dejan caer en la tentación de un arma apuntando a su pecho, su cabeza o a su boca. Muchos piensan que abandonar es la mejor solución, porque así aprendieron.

¿Y nosotros?

¿Qué lección aprendemos nosotros?

Fácil, comenzamos nuevamente en un círculo vicioso, donde aprendemos que eso estaría malo, que en esos casos hay que volver a comenzar y ser perseverantes.

Pero debemos recordar que, a pesar de todo lo bueno que se le puede sacar a una acción de ese calibre, siempre puede tener una denotación contraria...

Algunos postulaban que el ser humano a medida que fallece, va dando la posibilidad a otros de subsistir de una mejor manera. Diciendo que son más capaces los que han sobrevivido a los que han fallecido.

Entonces, no sería mejor dejarles morir si se sienten débiles e incapaces, en vez de tenderles la mano para que no cometan la misma acción y soportarles durante un período extenso, viéndoles en un sufrimiento constante. Porque es verdad, muchos de los que han seguido adelante y han abandonado esa faceta suya del denominado abandono, se sienten desamparados y en un completo olvido, volviendo a sufrir de una forma disimulada y a veces mal disimulada.
Donde la gente que les ha tendido una vez la mano ya no vuelve a cederla, porque sabrá que ha podido salir adelante con o sin ella... O que hay otras personas que pueden tenderle la ayuda...

... Círculo vicioso...